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"Si no haces locuras siendo joven, no tendrás de que reírte cuando seas viej@"

MANIFIESTO POR VENEZUELA: CUANDO EL DOLOR DE UN PUEBLO NOS DUELE A TODOS

Hoy no habla una venezolana. Habla una argentina. Habla una latinoamericana. Habla una mujer, una madre y una persona que mira una tragedia y siente una indignación que ya no entra en el pecho.

Porque hay momentos donde el silencio también se convierte en una forma de abandono.
Y hoy duele Venezuela.
Duele ver imágenes de personas llorando, buscando, gritando nombres entre la desesperación. Duele ver testimonios de familias intentando llegar hasta sus seres queridos. Duele ver gente sintiendo que mientras todavía existen vidas esperando ser encontradas, siguen apareciendo trabas, demoras y obstáculos.

Y sí, voy a decir algo que muchos sienten:
Ninguna dictadura debería ser más importante que su pueblo.
Ningún gobierno, ninguna ideología, ningún partido, ningún discurso vale más que una vida humana.

Porque mientras algunos discuten poder, las familias cuentan segundos.
Mientras algunos construyen relatos, hay padres, madres, hijos y hermanos orando, rezando y rogando por escuchar una voz debajo de los escombros.

Porque las horas pasan.
Y debajo de los escombros el tiempo pesa distinto.
Cada minuto puede ser una vida.
Cada minuto puede ser una despedida.

En las últimas horas vi muchísimos videos publicados por venezolanos y sentí una mezcla de angustia, impotencia y bronca. 
Vi personas denunciando accesos bloqueados, permisos, controles y demoras. Vi videos de familias, vecinos y personas completamente desconocidas uniéndose para remover piedras y concreto con sus propias manos, porque debajo de esos escombros no ven cemento roto. 
Ven vidas.
Ven a una madre.
Ven a un hijo.
Ven a un padre.
Ven a una familia entera esperando volver a abrazarse.

Y eso fue lo que más me golpeó.

Ver personas luchando contra montañas de escombros sabiendo que cada piedra que levantan podría acercarlos a un milagro o romperles el alma para siempre.
Ver manos cansadas que siguen cavando.
Ver cuerpos agotados que siguen insistiendo.
Ver personas dejando de lado el miedo, el hambre y el cansancio porque cuando alguien que amás podría estar esperando debajo de los restos de una vida destruida, ya no existe otra cosa más importante.
Y vi también la desesperación de quienes sienten que no tienen todo lo necesario para ayudar, que sienten que el tiempo corre demasiado rápido y que cada minuto perdido pesa como una eternidad.

Porque debajo de los escombros no hay solo ruinas.
Debajo de los escombros todavía puede haber esperanza.
Y eso fue lo que más me rompió.

Porque cuando un padre busca a su hijo, no piensa en cansancio.
Cuando un hijo busca a sus padres, no piensa en el miedo.
Cuando una familia busca a alguien que ama, deja de existir el hambre, el sueño y el dolor físico.

Solo existe una idea:
Necesito llegar.”

Y no pude dejar de preguntarme:
Cómo puede existir burocracia cuando todavía podría haber personas respirando bajo los escombros???

Cómo puede alguien poner barreras donde la humanidad debería abrir caminos??

Cómo puede cualquier estructura política estar por encima de una mano extendida????

La ayuda no tiene partido.
El agua no tiene partido.
La comida no tiene partido.
Salvar vidas no tiene partido.
Y la humanidad tampoco debería tenerlo.

Pero hay algo todavía más grande que la indignación. Todo es por culpa de una dictadura, un gobierno chavista que aún en esta tragedia intenta llenarse bolsillos y regodearse de la tristeza de su pueblo colocando trabas para que el ciudadano venezolano no pueda rescatar (cosa que ellos no hacen), obstaculizando la llegada de rescatistas extranjeros que viajaron con un solo propósito "SALVAR VIDAS", intentando llevarse las donaciones y provisiones donadas con amor y desesperación que con esfuerzo se hizo llegar.

Y es la reflexión que hoy debería golpearnos a todos, venezolanos y extranjeros:
Mañana podríamos ser nosotros.
Mañana podría ser nuestra ciudad.
Nuestra familia.
Nuestros hijos.
Nuestra madre o padre.

Y ese pensamiento debería bastar para entender que el dolor ajeno jamás puede sentirse lejano.
Porque las tragedias no preguntan nacionalidad antes de tocar una puerta.
Y el sufrimiento tampoco.

También vi historias que rompieron el alma y nos hacen replantearnos todo. Historias de madres protegiendo a sus hijos hasta el último instante, dando su vida como escudo humano. Historias que recuerdan algo que jamás cambia: el amor sigue luchando incluso cuando el cuerpo ya no puede más.

Por eso, al pueblo venezolano quiero decirle algo:
No están solos.
No dejen que les roben la esperanza.
No dejen que les roben la voz.
No dejen que les hagan creer que el mundo dejó de mirarlos.

Porque los estamos mirando.
Porque nos duele.
Porque sus lágrimas cruzaron fronteras.
Y porque millones de personas están abrazándolos en pensamiento, en oración y en esperanza.

Y quizás hoy las palabras parezcan pequeñas frente a tanto dolor. Quizás una frase no pueda levantar escombros, secar lágrimas o devolver abrazos perdidos. Pero las palabras también sostienen. También abrazan. También mantienen viva la esperanza cuando todo alrededor parece derrumbarse.

Como dice Isaías 41:10:
"No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te fortaleceré y te ayudaré."

Y como dice Josué 1:9:
"Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo dondequiera que vayas."

Y Victor Hugo escribió una frase que hoy parece hecha para ustedes:
"Aun la noche más oscura terminará y saldrá el sol."

Al pueblo venezolano: lloren si necesitan llorar, griten si necesitan gritar, abrácense si todavía pueden hacerlo, pero no permitan que les arrebaten la esperanza.
Porque incluso cuando parece que la oscuridad ganó, la historia ha demostrado una y otra vez que ninguna tormenta se quedó para siempre y que ningún amanecer olvidó volver.

VENEZUELA, RESISTAN!!!!

Porque debajo de los escombros todavía vive el amor. Porque encima del dolor todavía existe humanidad. Y porque millones de corazones, dentro y fuera de sus fronteras, hoy laten con ustedes.

Aymara.
Estudiante de Comunicación Social UNaM Encargada de redacción en Dos de Mayo Noticias Voluntaria en Fonbec ��Misiones, Argentina